Por qué el sol importa en la piel madura

La radiación ultravioleta del sol contribuye, con el tiempo, a los cambios que solemos asociar al envejecimiento de la piel: pérdida de elasticidad, manchas, sequedad y arrugas. Los dermatólogos hablan de fotoenvejecimiento para referirse a esa parte del proceso ligada a la exposición solar acumulada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda además que la exposición excesiva a los rayos UV tiene efectos sobre la salud de la piel que van más allá de lo estético.

La buena noticia es que, a diferencia de otros factores, la exposición solar sí depende en gran medida de nuestros hábitos. Protegerse de forma habitual, empezando hoy mismo, tiene sentido a cualquier edad.

Qué buscar en un protector solar

La Academia Estadounidense de Dermatología (AAD) recomienda elegir un protector solar de amplio espectro, es decir, que proteja tanto de los rayos UVA como de los UVB, con un factor de protección solar (FPS) de 30 o superior. Esa combinación es la que las organizaciones dermatológicas consideran adecuada para el uso diario.

En la piel madura, que tiende a ser más fina y más seca, la textura también importa: las fórmulas hidratantes o cremosas suelen resultar más confortables que las que dejan sensación de tirantez. La elección entre crema, loción o gel depende sobre todo de la comodidad personal, porque el mejor protector solar es el que se usa todos los días.

Cómo aplicarlo bien

Aplicar protector solar “con la cuenta de la vieja” suele dejar zonas sin cubrir. La AAD ofrece pautas claras y sencillas:

  • Usar una cantidad generosa: normalmente, el equivalente a una cucharada para el rostro y el cuello, y bastante más para el resto del cuerpo.
  • Reaplicar cada dos horas, y también después de nadar, sudar o secarse con una toalla.
  • Prestar atención a las zonas que más se olvidan: orejas, cuello, escote, dorso de las manos y pies.

Aplicar el protector solar como último paso de la rutina, y antes de salir de casa, ayuda a no saltarse el gesto. Si te maquillas, muchos protectores pueden aplicarse antes o después según su textura; lo importante es no olvidar la reaplicación a lo largo del día.

El protector solar no es lo único

La OMS insiste en que el protector solar complementa, pero no sustituye, a otras medidas de protección. El consejo general es:

  • Buscar la sombra, sobre todo en las horas centrales del día, cuando el índice UV es más alto.
  • Usar ropa protectora, un sombrero de ala ancha y gafas de sol envolventes.
  • Combinar todas estas medidas con el protector solar en las zonas expuestas.

Cuando el índice de radiación ultravioleta es de 3 o superior, la OMS recomienda extremar estas precauciones, incluso en días nublados o en invierno.

Mitos con calma

Conviene despejar dos ideas muy extendidas. La primera: el bronceado no protege la piel del sol; es, de hecho, una señal de que la piel ha recibido radiación. La segunda: las nubes no bloquean los rayos ultravioleta, así que los días grises también pueden requerir protección. Tampoco existen las camas de bronceado seguras: la OMS desaconseja su uso por completo.

La protección solar también es una forma de vigilancia: es buena ocasión para observar la piel y detectar cambios. Consulta a un dermatólogo ante manchas o lunares nuevos, o que cambian de forma, color o tamaño; ante lesiones que no cicatrizan o que pican o sangran; o ante cualquier duda sobre tu piel. En Piel Serena no diagnosticamos nada: ante la duda, siempre un profesional.

Fuentes

  1. Academia Estadounidense de Dermatología (AAD). Protector solar: Cómo aplicar (español).
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS). Radiación ultravioleta (español).
  3. Academia Estadounidense de Dermatología (AAD). ¿Cómo puedo prevenir el cáncer de piel? (español).
  4. Academia Estadounidense de Dermatología (AAD). Aprenda a proteger su piel del sol (español).